Mi otra mitad dejó de existir cuando asumí yo misma que el amor no existe y que el cariño es lo más cercano que se tiene aunque no siempre lo dé la persona correcta.
Que somos seres muy desiguales que no nos importa nadie salvo nosotros mismos y damos lo que sea para conseguir algo y dejarlo automáticamente porque el aburrimiento fue más grande que el empeño que tardamos en conseguirlo.
Somos seres vacíos en un ciclo de vida que solo consta en nacer, crecer, follar, procrear, quejarse y morir no siendo siempre este el mismo orden de secuencia.